lunes, 14 de diciembre de 2020

Formación experiencial


Hace ya unos cuantos años y gracias a un gran profesional el Dr. Miguel Reinoso Fernández-Caparrós (primera TESIS en España sobre la formación experiencial) pude iniciarme en el maravilloso mundo de la formación y más concretamente en el “Outdoor Training”. He querido recuperar un pequeño artículo que escribí en su momento y actualizarlo a día de hoy.

Tras el Plan Bolonia y reclamando un mayor protagonismo, se pusieron de moda a nivel profesional la formación en competencias profesionales (trabajo en equipo, comunicación, liderazgo, adaptabilidad, etc...) y no solo en las empresas, sino a día de hoy en los propios colegios con algunas propuestas interesantes, pero desde mi punto de vista bastante fallidas (no se analizan los resultados).

Dada la importancia de este tipo de competencias, puedo incluir también valores, urge la necesidad de que se profundice en este tipo de formación con “buenas metodologías” en la escena educativa y productiva. Os propongo como sugerencia el “Outdoor Training”, una metodología de aprendizaje experimental dirigida al desarrollo de competencias-valores y con un rigor empírico avalado por un sin fin de estudios. Es la combinación de la formación tradicional (aprendizaje teórico de libros) hecha a medida para las empresas y estudiantes con ejercicios al aire libre o fuera de tu zona de confort y con una metodología eminentemente vivencial y experimental, que está basada en el aprendizaje a través de la experiencia directa y siempre bajo la perspectiva del desarrollo y fomento de las competencias profesionales y valores del individuo.

Este tipo de programas de formación nunca son estandarizados, ya que para su elaboración se tiene en cuenta las necesidades del individuo o colectivo (con sus peculiaridades) ya que en primer lugar se identifican las necesidades por la cual se quiere aplicar este tipo de formación y con la que llegar a unos objetivos pedagógicos. Las herramientas si pueden ser estandarizadas.  

 

Los programas estarán confeccionados con las características de las competencias emocionales que el colectivo quiera desarrollar, con la premisa de la experiencia. Existen tantos programas como combinaciones de competencias podamos llegar a realizar, teniendo en cuenta un máximo de 4-5  competencias a profundizar y analizar.

 

Para entenderlo mejor, existen varias relaciones que se tienen que tener en cuenta:

 

·         A mayor número de personas menor es la formación. A partir de 30 personas la formación empieza a ser nula y se convierte en un programa de incentivo y no de formación.

·         A menor tiempo de ejecución del programa menor es la formación. Una actividad de medio día no conlleva prácticamente formación. Salvo las formaciones cortas pero muy continuadas.

·         La formación será mayor cuanto mayor sea el tiempo y menor el número de personas. Las actividades ideales pueden ser un grupo de unas 30 personas y un día y medio de formación, también un grupo de 10 personas tres días de formación.

·         A mayor tiempo y menor número de personas mayor número de competencias se darán en la formación. Un grupo de 50 personas se podrán trabajar 1 ó 2 competencias, mientras que en un grupo de 30 se pueden trabajar 3 ó 4 en un solo día. 




Por supuesto, esta formación tiene dos premisas fundamentales que desde mi punto de vista son esenciales e imprescindibles, la primera de ellas es que este tipo de formación experimental, debe ser continuada en el tiempo para que su eficacia no se pierda y la segunda que si el integrante o integrantes de la formación no se dan cuenta de su situación y no quieren modificar o fortalecer su conducta, actitud, valor o competencia, no servirá de mucho este tipo de formación.


A modo de conclusión “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. La experiencia es un grado.


Javier Martín Rivas (https://www.linkedin.com/in/javier-martin-rivas/)













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