domingo, 23 de febrero de 2020

A mí que me lo demuestren

Buenas tardes,

Os voy a contar una bonita historia de resistencia.

¡A mí que me lo demuestren! Es una frase lapidaria. Pero detrás de ella, se muestra un profundo nivel de cerrazón mental.

Vamos a realizar un ejercicio de suposición. Suponemos que, una empresa con digamos, más de 50 años de historia, de relativa exitosa historia, celebra su reunión anual de directivos en la que, como todos los años, el presidente de la compañía y el director general presentan los resultados del ejercicio pasado y los retos a los que se enfrenta la empresa en el futuro. Los resultados obtenidos no son malos del todo (quizás demasiado beneficio extraoperacional) y el ambiente es tranquilo y positivo. Hasta ahí todo correcto. 



Después de los aplausos llega el turno del invitado externo. La tradición dicta que, en esta reunión anual, se invite a una persona que haya destacado en algún campo, empresarial, deportivo... a que de una charla, cuente sus vivencias y experiencias y transmita un mensaje a los directivos de la organización. Ni que decir tiene que, personalmente, me parece una gran idea. Bueno, pues resulta que este año el invitado es el director de una empresa relacionada con negocios en internet (vamos a dejarlo ahí para no personificar en nadie). El motivo por el que se invita a esta persona, es que, en la alta dirección se han oído campanas. No se tiene mucha idea de dónde proviene el sonido, pero hay dos palabras que han escuchado. Dos palabras que de forma independiente tienen sus significados, pero que en conjunto son como un canto de sirena: "transformación digital". 

sábado, 8 de febrero de 2020

El Corte Inglés y la omnicanalidad

Buenos días a todos

A raíz de mi anterior entrada sobre empleabilidad senior, un buen compañero y gran tipo, Enrique García (quedaos con el nombre ya que dará que hablar en el futuro) me recomendó el libro "Silver surfers" de Raquel Roca. Como Enrique en cuestión me parece una persona de fiar, pues decido comprar el libro.

Primeramente, lo busco en Amazon. Está, con entrega al día siguiente. Pero como tengo que ir al final de semana a El Corte Inglés a mirar otra cosa, en vez de comprarlo el lunes a través de Amazon, decido comprarlo en ese centro comercial, previa verificación de disponibilidad y precio. Me digo a mi mismo que, como no tengo prisa y compro mucho en Amazon, voy a hacer gasto también en otra empresa. 

Llega el viernes, me acerco al centro comercial en cuestión, me dirijo a la librería y después de una rápida búsqueda y al no encontrarlo, decido preguntar. Me atiende una amable dependienta, de unos 55 años (indico la edad ya que me parece relevante para mi posterior reflexión) y solícita ella, inicia la búsqueda del título en la base de datos. Al cabo de pocos segundos, me dice que no está disponible en tienda, pero que si quiero lo puede solicitar y que llegará el martes. Descarto tal opción ya que quiero empezar a leerlo el fin de semana, y me da pereza volver a la tienda sin necesidad. Un minuto después y mientras me dirijo a otro departamento, ya había comprado el libro a través del móvil en Amazon.

domingo, 2 de febrero de 2020

Empleabilidad senior

Hola a todos,

Habiendo entrado en la cuarentena hace relativamente poco (y no, no hablo afortunadamente de estar infectado por el coronavirus, hablo de la edad), hay un tema que me ha empezado a rondar la cabeza, y sobre el que hasta ahora, por edad, no me había preocupado lo más mínimo. Pero el tiempo pasa, las personas evolucionamos y maduramos, y lo que a los 30 nos parece una nimiedad, a los 40 se plantea como, al menos, una pequeña preocupación. Y me estoy refiriendo a la empleabilidad más allá de los 40.

Esta reflexión que hago, ha venido desde varios caminos. Uno ha situado vivir una situación de ERE con despidos y prejubilaciones que han afectado a muchas personas dentro la organización. Otro ha sido conversaciones con compañeros de trabajo mayores que yo en las que han expresado sus inquietudes, dudas y miedos. Otro ha venido a través de LinkedIn, dónde he podido leer historias, tanto malas (personas con más de 50 años que llevan desempleadas más de 3 años y que estaban sufriendo, no sólo económicamente, sino sobretodo emocionalmente) como buenas (otras personas que daban gracias a empresas y empleadores por haber confiado en ellas, independientemente de su edad). Otro ha sido un caso cercano de un amigo que se encuentra en esta situación complicada de edad y desempleo. Todos estos "inputs" han confluido en mí, y me han hecho reflexionar sobre mi situación persona. Empatizo con todas estas historias ya que, antes o después, llegaré a estar en esa situación.

En muchos casos, la situación es complicada. Una hipoteca, unos hijos, unos gastos a los que sí o sí tienes que hacer frente. Eso añade una presión añadida y creo que impacta tanto emocionalmente, que puede llegar a afectar a la persona que sufre esta situación (y lo peor creo que es la sensación de no valer para nada), como a su entorno más cercano.