lunes, 14 de diciembre de 2020

Formación experiencial


Hace ya unos cuantos años y gracias a un gran profesional el Dr. Miguel Reinoso Fernández-Caparrós (primera TESIS en España sobre la formación experiencial) pude iniciarme en el maravilloso mundo de la formación y más concretamente en el “Outdoor Training”. He querido recuperar un pequeño artículo que escribí en su momento y actualizarlo a día de hoy.

Tras el Plan Bolonia y reclamando un mayor protagonismo, se pusieron de moda a nivel profesional la formación en competencias profesionales (trabajo en equipo, comunicación, liderazgo, adaptabilidad, etc...) y no solo en las empresas, sino a día de hoy en los propios colegios con algunas propuestas interesantes, pero desde mi punto de vista bastante fallidas (no se analizan los resultados).

Dada la importancia de este tipo de competencias, puedo incluir también valores, urge la necesidad de que se profundice en este tipo de formación con “buenas metodologías” en la escena educativa y productiva. Os propongo como sugerencia el “Outdoor Training”, una metodología de aprendizaje experimental dirigida al desarrollo de competencias-valores y con un rigor empírico avalado por un sin fin de estudios. Es la combinación de la formación tradicional (aprendizaje teórico de libros) hecha a medida para las empresas y estudiantes con ejercicios al aire libre o fuera de tu zona de confort y con una metodología eminentemente vivencial y experimental, que está basada en el aprendizaje a través de la experiencia directa y siempre bajo la perspectiva del desarrollo y fomento de las competencias profesionales y valores del individuo.

Este tipo de programas de formación nunca son estandarizados, ya que para su elaboración se tiene en cuenta las necesidades del individuo o colectivo (con sus peculiaridades) ya que en primer lugar se identifican las necesidades por la cual se quiere aplicar este tipo de formación y con la que llegar a unos objetivos pedagógicos. Las herramientas si pueden ser estandarizadas.  

 

Los programas estarán confeccionados con las características de las competencias emocionales que el colectivo quiera desarrollar, con la premisa de la experiencia. Existen tantos programas como combinaciones de competencias podamos llegar a realizar, teniendo en cuenta un máximo de 4-5  competencias a profundizar y analizar.

 

Para entenderlo mejor, existen varias relaciones que se tienen que tener en cuenta:

 

·         A mayor número de personas menor es la formación. A partir de 30 personas la formación empieza a ser nula y se convierte en un programa de incentivo y no de formación.

·         A menor tiempo de ejecución del programa menor es la formación. Una actividad de medio día no conlleva prácticamente formación. Salvo las formaciones cortas pero muy continuadas.

·         La formación será mayor cuanto mayor sea el tiempo y menor el número de personas. Las actividades ideales pueden ser un grupo de unas 30 personas y un día y medio de formación, también un grupo de 10 personas tres días de formación.

·         A mayor tiempo y menor número de personas mayor número de competencias se darán en la formación. Un grupo de 50 personas se podrán trabajar 1 ó 2 competencias, mientras que en un grupo de 30 se pueden trabajar 3 ó 4 en un solo día. 




Por supuesto, esta formación tiene dos premisas fundamentales que desde mi punto de vista son esenciales e imprescindibles, la primera de ellas es que este tipo de formación experimental, debe ser continuada en el tiempo para que su eficacia no se pierda y la segunda que si el integrante o integrantes de la formación no se dan cuenta de su situación y no quieren modificar o fortalecer su conducta, actitud, valor o competencia, no servirá de mucho este tipo de formación.


A modo de conclusión “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. La experiencia es un grado.


Javier Martín Rivas (https://www.linkedin.com/in/javier-martin-rivas/)













sábado, 12 de diciembre de 2020

El dato versus el ratio


Gracias a mi trayectoria profesional, he tenido la oportunidad de trabajar codo con codo con equipos de ventas de diferentes sectores y de diferentes regiones, tanto en España como fuera. En el desarrollo de mis funciones, he dado apoyo para la consecución de los objetivos de cada equipo y de cada individuo. Y hay una cosa que me ha llamado siempre la atención y que ahora comparto con vosotros. Y es el tipo de objetivos que cada uno de ellos tenía marcado. Siempre han sido objetivos en volumen, facturación, reducción de deuda... datos. Y por datos me refiero a un objetivo numérico frío. "Manolo, tienes que vender 35.000 cajas de whisky. Ese es tu objetivo". "Laura, tu facturación en la familia de productos XXX debe ser 250.000€ este año". Esos objetivos, que se han puesto en todas las empresas, son el qué. Pero creo que se olvida en poner el cómo. Es decir, cómo se llega a alcanzar ese objetivo. Y eso es lo que marca la diferencia entre la eficiencia y la ineficiencia. Es lo que viene siendo la productividad.


Los ratios de productividad o de otro tipo no se han inventado ayer. Se llevan aplicando desde hace muchos años. Me atrevería a decir desde que la economía se estudia como ciencia. Aunque me da la sensación de que siempre se ha hecho a nivel agregado. Es decir, una empresa llegaba a un resultado de ventas (BAII). Veía cuanto había invertido para llegar a ese resultado y ya tenía el ROI por ejemplo. O los ratios contables, ratio de liquidez, ratio de deuda. Pero a nivel micro, a nivel individual de cada trabajador, siempre se han puesto objetivos "dato". 

¿No sería más motivador poner objetivos que permitiesen medir la eficiencia? ¿No redundaría eso en una mejora de resultados y una disminución de costes asociados? Esto sirve también para ver quién es el mejor y como se puede aprender de él. Pongamos por ejemplo 2 porteros de fútbol. Al primero le meten 10 goles y al segundo 15. A priori diríais que que es el mejor el portero 1. Pero si ahora lo comparamos con el número de partidos jugados, la cosa cambia. El portero 1 ha jugado 4 partidos. 2,5 goles por partido. Es un manta. El portero 2 ha jugado 20 partidos. 0,75 goles por partido. El tío es bueno. Igual e portero 1 debería aprender del portero 2 (simplificando, sin tener en cuenta otras variables como la velocidad de los defensas). Igual hay grandes gurús, cabezas pensantes que ya lo han estudiado y lo han descartado. Si tenéis algún estudio relacionado con esto, os agradecería que lo compartieseis conmigo.

Y para terminar esta breve reflexión, por qué me ha dado ahora por plasmar este pensamiento con vosotros. Viene a raíz de mis recientemente finalizados estudios en ThePowerMBA. Una de las ideas transmitidas precisamente sobre esto. La importancia de medir continuamente la eficiencia de lo que se iba haciendo para poder pivotar y cambiar el rumbo si la cosa no iba bien. Y la única forma de medir y mejorar es mediante ratios, no mediante datos. En e-commerce o empresas digitales es lo que hay que hacer. Y creo que en empresas tradicionales, a nivel ejecutivo comercial, también.


Javier



martes, 18 de agosto de 2020

No aprendemos

Si algo creo que  nos ha enseñado esta crisis del coronavirus, es que las empresas y las personas que estaban ancladas en el pasado y que no estaban preparadas para trabajar de otra forma (llámalo digital, en remoto, teletrabajo, con procesos adaptados o como quieras) son las que más van a sufrir. Evidentemente hay trabajos presenciales que, de momento, es imposible hacer de forma no presencial, como por ejemplo un pintor. Pero aun así, creo que estos de una forma u otra, también tienen margen de adaptación, si bien no en el trabajo en si, pero probablemente en el proceso del antes y después.

Si seguimos haciendo las cosas de la misma manera, obtendremos los mismos resultados. Y eso en tiempos normales, no funciona, y en tiempos de crisis, es un desastre.
Pero, ¿a que viene este comentario? Pues navegando por LinkedIn, me encontré con esta oferta de trabajo:

Lo que principalmente me llamó la atención de la oferta no fue la poca, o más bien nula detallada descripción del puesto, ni de las condiciones, ni siquiera de las habilidades necesarias para el mismo. Lo que me llamó la atención fue el hecho de que el condicionante para poder optar al puesto fuese la experiencia en el sector. Da igual que puedas ser un zote o una persona brillante. Si no tienes 3 años mínimo de experiencia en ese sector, quedas automáticamente descartado. Y en mi opinión eso es un error. Muchas empresas pierden una infinidad de oportunidades  de contratar, o al menos de poder conocer, trabajadores brillantes, simplemente por tener ese sesgo endogámico en cuanto a experiencia previa en el sector se refiere. Competencias, habilidades, una opinión y visión diferentes, actitud... son características mucho más importantes creo yo que una experiencia previa en un sector.

Javier

jueves, 4 de junio de 2020

Las personas en los tiempos del COVID

Un gran amigo me invitó no hace mucho tiempo a desarrollar algo que nunca había hecho, bueno miento, si lo había intentado pero nunca para ser publicado y aquí estoy desarrollando una idea algo rara y especial para mí que no sé cómo terminará, la verdad.

Soy psicólogo especializado en RRHH y me preguntaba si en estos tiempos que corren ahora, donde se echa de menos a nuestros seres queridos, donde se aboga por la añoranza de las buenas personas, los buenos gestos, los buenos aplausos de las 20:00, los buenos propósitos como en fin de año, … todos estos pensamientos que nos embargan día tras día cada vez que nos vamos a dormir, reitero, me preguntaba si todo esto cuando acabe y nos volvamos a ver como antes, en una supuesta normalidad, me preguntaba si la gente cambiará o volverá a ser como hace unos meses, independientes, egoístas, pragmáticos, inhumanos, insensibles, incoherentes, falsos, … vamos los grandes valores de muchos profesionales sin escrúpulos y con miras muy altas.

Parafraseando a Eduardo Galeano “Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido”.
¿Creéis realmente que vamos a cambiar? ¿Creéis que esta pandemia nos va a hacer recapacitar y ser conscientes que debemos cambiar? ¿Creéis que todos nuestros buenos pensamientos y reflexiones los vamos a llevar a cabo? ¿O pensáis que por el contrario, que lo haremos mínimamente y volveremos a la cultura del envase? ¿Creéis que profesionalmente es un buen momento para cambiar nuestros compromisos y valores?

Durante todos estos años de experiencia en la selección de personal, entre otras áreas desarrolladas, una de mis máximas es la selección basada en las personas y no tanto en el conocimiento y me explico, siempre pongo en una balanza que es tan importante las aptitudes y los conocimientos (incluyo la experiencia) como las actitudes y valores de las personas. La búsqueda de buenas personas, es un arte que no hay que menospreciar nunca y que en fechas como las que se avecinan debería ser igual o más importante que el conocimiento. Éste último siempre se puede aprender pero cambiar a las personas se me antoja harto difícil.

ERTES, ERES, concursos de acreedores, cierres de empresas, mucho más trabajo en menos tiempo y con muchos menos beneficios, horarios intensivos y extensivos, salarios más bajos, nuevas reestructuraciones… y eso sí, estamos todos en el mismo barco, hay que remar en la misma dirección, ahora no es el momento de pedir sino de dar, mira que a ti no te hemos echado…. Viendo este panorama entonces ¿qué necesitas? ¿Un buen profesional? ¿Una buena persona? ¿O un buen profesional con una buena persona detrás? No solo hay que pensar en un presente.

Me acuerdo en una entrevista para cubrir un puesto de gerencia donde la persona vino con todas las preguntas que rondan por internet bien aprendidas y con respuestas para todo, que si los datos macroeconómicos, que si el líder nato, que si… vamos todo de manual, en definitiva lo que todo entrevistador le gusta escuchar, no es mi caso por cierto, y cuando le saqué de su área de confort y las preguntas eran más elaboradas, más personales e incluso en negativo ya no sabía que contestar y llegó el desconcierto total y absoluto. Evidentemente no paso de la primera entrevista.

Me viene a la cabeza otro caso curioso, también para la gerencia de otro centro y en este caso de mucha más envergadura que el anterior. Evidentemente los parámetros y requisitos de búsqueda eran mucho más ambiciosos y mucho más exigentes que en el anterior y pocos eran los candidatos que los cumplían realmente. Hubo un candidato que cumplía ampliamente los requisitos demandados pero no fue el candidato seleccionado finalmente, ni siquiera fue de la terna habitual y última que te hace dudar. Llamó todo “indignado” preguntando y exigiendo que cual había sido el motivo por el que no había sido seleccionado. Creo que sin ser más explícito ya he dicho por qué. Mi respuesta fue muy sencilla con toda la delicadeza y educación posible: “cumples perfectamente con los requisitos demandados pero hay aspectos o habilidades más adecuadas e idóneas de otras personas que han decantado la balanza a su favor”. La conversación al final duró más de media hora.

Procuro siempre poner en un aprieto a mis clientes, tanto internos como externos en la tesitura de lo profesional o lo personal. Tengo que reconocer que me encanta. Todos te hablan de los conocimientos, de los años de experiencia, de los masters, de los… pero pocos te hablan con quién va a trabajar, cual es el “ambiente verdadero”, como es “verdaderamente su jefe”, como quieren que sea personalmente (preguntas ampliamente odiadas por los candidatos)…
Ante esto que prefieres, un diamante en bruto que puedas pulir, o un gallo que entra en un gallinero y te revoluciona a todas las gallinas. Yo al menos lo tengo muy claro.
Quiero concluir esta pequeña reflexión en voz alta con una frase que pensé hace ya tiempo: “Detrás de un buen profesional, siempre hay una mejor persona” y no hablo de llegar lejos profesionalmente. El futuro de nuestra sociedad no solo está en nuestro conocimiento sino cómo se maneja y se usa ese conocimiento, es decir, en las personas.


Javier Martín Rivas

miércoles, 20 de mayo de 2020

Adelantarse al futuro o la importancia de la segunda derivada

business trends, coronavirusLlevaba pensando mucho tiempo en el concepto de segunda derivada aplicada a los negocios, pero no terminaba de encajarlo en algo tangible que pudiera compartir. Hasta que hoy, a leer una noticia, lo he visto claro. 

La noticia en cuestión es sobre el aumento de las ventas de bicicletas debido al coronavirus (pincha aquí para leerla). El caso es que con esto del confinamiento y el miedo a un posible contagio por coronavirus en el transporte público, el incremento en ventas de bicicletas ha sido espectacular. Tiene su lógica. Por una parte, 2 meses encerrados han desatado una fiebre por el deporte (basta que no te dejen hacer algo para que estés deseando hacerlo, aunque hayas sido de sillón-ball toda tu vida), y por otra, desplazarte en bici reduce significativamente el riesgo de contagio frente al uso del autobús o del metro por ejemplo.

Bien, pues la gente podría pensar a corto plazo y decir: "pues como la venta de bicis está creciendo y el tema está de moda, monto una tienda de bicis". Pero yo creo que es un error. Al ser la primera derivada, mucha gente podría pensar lo mismo. Conclusión, un mercado saturado, dónde ya hay muchos jugadores, con su cuota de mercado y dónde rascar algo será muy complicado. Por lo tanto, la clave está en la segunda derivada. En ir más allá y pensar en que pasará después. Hacía dónde irá la tendencia. Una vez que la fiebre por la bici haya pasado, y que el que ha sido de sillón-ball de toda la vida vuelva a su homeriana rutina de comer palomitas ver la tele o el que ahora va en bici al trabajo, el tercer día que llegue agotado y sudado vuelva al transporte público. Pues habrá un montón de bicis sin utilizar. Y la gente o bien las guardará o bien las venderá. Y ahí es dónde se aplica la segunda derivada. En montar ya algo que solucione esos dos problemas (importancia del concepto "winner takes it all" que viene a decir que el primero que vea el negocio y lo desarrolle, tiene muchas opciones de generar tantas barreras de entrada que el segundo tendrá muy difícil acceder a él). Por ejemplo, pequeños trasteros de barrio dónde los vecinos puedan guardar sus bicicletas mientras no las usen o bien un marketplace especializado en compra venta de segunda mano con garantías (al estilo manzanas usadas para productos Apple).

La verdad, no soy un conocedor del mundo de la bici más allá de usarla los fines de semana para dar una vuelta. Y no tengo ni idea de si mis propuestas de negocio serían factibles o son una tontería. Pero lo que si que tengo claro es que para triunfar, no hay que limitarse a lo que tenemos delante de los ojos o al corto plazo. Hay que ir más allá y tratar de vislumbrar el medio y largo plazo.

Buen día a todos,

Javier

jueves, 14 de mayo de 2020

La fidelización a través del salmorejo



Vale, lo reconozco, el título está puesto para captar vuestra atención. Pero lo que os quiero contar tiene que ver con el concepto de fidelización de clientes y con este estupendo producto de origen cordobés.

Os cuento. Soy un gran defensor del comercio electrónico en general (desde que monté mi primer e-commmerce allá por 2002), y de Amazon en particular. Además de productos variados, en Amazon utilizo su plataforma de productos de alimentación y hogar Prime Now. Con un poco de organización, me parece un servicio que, al menos en mi caso, que soy de sota, caballo y rey para hacer la compra, ofrece un servicio excepcional y con un precio razonable. El caso es que, el martes por la mañana, temprano, sobre las 7h30, hice un pedido, para que lo entregaran entre las 10h y las 12h. Entre otros productos, decidí pedir un salmorejo, por aquello de probarlo. El pedido llegó a las 11h15, con todo lo que había encargado. Hasta ahí, todo perfecto. Llega la noche y decido cenar el salmorejo en cuestión. Una cucharada después, se me revolvieron las tripas. Insípido, sin textura, sin alma... vamos que tiré lo que me había servido y la botella entera. ¡Qué malo estaba eso! 

Al día siguiente, por la mañana, decido escribir a Amazon para quejarme por la calidad del producto. No tenía más intención que transmitir mi total decepción por ese producto que había comprado. Bueno pues a través de la aplicación envió el mensaje de contacto. Son las 8h42.

A las 8h43, recibo un correo diciendo que han recibido mi mensaje y que trabajarán para responderme 
en un plazo máximo de 3 horas. A las 9h14, es decir, 32 minutos después de haber mandado yo el mensaje, me escriben desde Amazon, una persona llamada Diney, y me dice que lamentan lo que ha pasado con el salmorejo, y que, como no se puede reemplazar, que me hacen un abono por el importe del producto. Grata sorpresa la que me llevo. Primero por el poco tiempo que han tardado en responderme. Y segundo, por el tipo de solución al problema, que ni era lo solicitado ni mucho menos era lo esperado. Desde luego que mi percepción hacia Amazon ha incluso mejorado, y eso que ya estaba alta.

Recuerdo que hace años, tuve un problema con el servicio de hosting de GoDaddy. Más que un problema fue un error mío. Pero muy amablemente, en una sola llamada, me lo solucionaron y me hicieron el reembolso. Claro, cuando he necesitado volver a contratar un servicio de hosting, he ido directamente a GoDaddy, sin mirar ninguna otra opción.

Hasta aquí la Historia. A partir de ahora la reflexión.

Y la reflexión se hace en base a la premisa de que es mucho más barato y fácil retener a un cliente que captar a uno nuevo. Y una de las palancas fundamentales o un valor diferencial que pueden aportar las empresas es tener un servicio de atención al cliente que vaya más allá de lo que el cliente espera. Tal ha sido el caso de Amazon con el salmorejo o de GoDaddy con el hosting. Y creo que esta palanca está muy pensada, desarrollada y arraigada en empresas americanas. Veo que su cultura empresarial es diferente y que la importancia de retener a los clientes, o dejarles un buen recuerdo para que un día vuelvan, está muy arraigada. 

En España tenemos también un buen ejemplo de empresas que tradicionalmente se han caracterizado por tener un muy buen servicio de atención al cliente. Tal es el caso de El Corte Inglés. ¿Os acordáis de ese eslogan que decía "si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero? O del caso de mi amiga Paloma, a la que robaron todos los regalos de Reyes del coche ya que la siguieron desde un Corte Inglés, y que fue a atención al cliente con los tickets y pusieron a su disposición a una persona que fue de departamento en departamento recopilando todo lo que había comprado para que no lo tuviera que hacer ella. Pues estos servicios son los que pueden marcar la diferencia para mantener clientes satisfechos, conseguir nuevos clientes y crecer. La excelencia en el servicio de atención al cliente como herramienta de diferenciación y generación de valor empresariales.

Javier



domingo, 26 de abril de 2020

El impacto del coronavirus en el sector de la hostelería

Contaba en una publicación anterior, que el coronavirus iba a ser un elemento disruptor que tendría como consecuencia muchos cambios a nivel social, económico, de relaciones... Hoy me gustaría analizar y compartir con vosotros unas reflexiones sobre lo que creo que puede suponer este impacto en el sector de la hostelería. 

Los que me conocéis, sabéis que he desarrollado mi carrera profesional principalmente en empresas de espirituosas y cerveza, además de haber montado un e-commerce de bebidas, por lo que al sector de la hostelería le tengo un cariño especial. Cuando me refiero al sector de la hostelería, englobo desde fabricantes y propietarios de marcas (Osborne, Diageo, Maxxium, Pernod...) como a bares, restaurantes, hoteles, pasando por mayoristas y distribuidores.

Para poner en contexto, antes de lanzarme con la reflexión, os comparto unos números. En España hay actualmente unos 240.000 -250.000 locales de hostelería. Para poder atender a dichos locales, existe una extensa red de distribuidores y subdistribuidores que, junto a los cash and carry,  permiten surtir de producto a todos esos locales. 

Como decía al principio, esta pandemia va a actuar como elemento disruptor, y, entre otras cosas, va a modificar nuestros hábitos sociales. España es un país de calle y de socializar, pero ante una grave crisis sanitaria, posiblemente nuestra forma de interactuar entre nosotros cambie. Y el impacto en la hostelería será brutal. Salía una noticia (pincha aquí para leerla) hace unos días que adelantaba que posiblemente 40.000 bares no sobrevivan a la crisis y tengan que cerrar. Y para los que queden, se habla de distancia social, mamparas... 

Ante esta situación, a los propietarios nos les va a quedar más remedio que reinventarse, si quieren sobrevivir. Evidentemente, no es la misma situación la que vive un restaurante de 100€ el cubierto, que un bar de copas. O una cafetería en el centro de Madrid que el bar de Cañicosa (Matabuena, Segovia). Cada negocio tendrá que adaptarse a las nuevas circunstancias y a su nuevo contexto.

¿Y cual veo que es la fórmula para conseguir reinventarse? Está en el saber popular. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña tendrá que ir a Mahoma. Hay que cambiar el paradigma del cliente que se acerca al local de hostelería por el del local de hostelería que se tiene que acercar al cliente. Y para intentar explicar mi punto de vista sobre la situación actual y hacia dónde creo que debería ir, voy a utilizar el "Business model canvas" (para los que no sabéis en qué consiste este modelo, pinchad en el nombre y os dirigirá a la web de la wikipedia).

viernes, 24 de abril de 2020

La regulación del precio de las mascarillas

Buenos días,

Mucho se está hablando estos dos últimos días de la controvertida regulación del precio de las mascarillas.

Sin entrar a valorar el asunto desde un punto de vista político, si me gustaría hacer una reflexión sobre porque pienso que no es la idea más acertada, desde un punto de vista económico.

Lo voy a plantear como una concatenación de sucesos, estableciendo de primeras unos valores de partida (estimados), simplificando al máximo y suponiendo que las mascarillas se venden sólo en farmacias.

PVP mascarilla (en situación normal de libre mercado); 2,54€ (con IVA)
Coste mascarilla (proveedor): 1,5€
Otros costes (alquiler, empleados, suministros...) por mascarilla: 0,3€
Margen que pone el farmacéutico: 0,3€ (14,28%)
Impuestos (21% IVA): 0,44€
Precio regulado de mascarilla: 0,95€ (con IVA)

¿Qué pasa si el farmacéutico tiene que vender la mascarilla a 0,95€? Es fácil. No sólo no gana sino que pierde dinero, ya que 0,95€ (0,78€ sin IVA) < 1,5€ + 0,3€ ¿Y cuál es entonces la concatenación de sucesos, teniendo en cuenta este punto de partida?

martes, 21 de abril de 2020

El coronavirus como elemento disruptor

Buenos días,

Muchas vueltas he dado para escribir este artículo. Llevo pensando desde hace semanas como enfocarlo, y en todo este tiempo, el enfoque ha evolucionado.

Es inevitable en estos días, y mucho me temo que semanas y meses, hablar del dichoso Covid19, más conocido como coronavirus. No soy médico, ni sé de epidemias, ni matemático, por lo que cualquier tipo de análisis en ese aspecto se lo dejo a los expertos, aunque indudablemente tengo mi opinión al respecto, al igual que llevo un seleccionador nacional de fútbol dentro de mi.

Pero lo que si soy es una persona que reflexiona sobre el entorno y el mundo que me ha tocado vivir. A veces mis reflexiones son correctas y coherentes, y las más me equivoco, pero eso no me impide seguir observando y pensando.

Durante la Segunda Guerra Mundial, por poner un ejemplo de catástrofe humanitaria, surgieron avances en muy poco tiempo, que han tenido un impacto muy relevante en la humanidad: el radar, la energía nuclear, la penicilina, el motor a reacción, la cohetería... En momentos de crisis, el ser humano es capaz de inventar y desarrollar más rápidamente, en cualquier campo, cualquier tipo de idea para ganar una ventaja competitiva frente al enemigo.

Por otra parte, como gran admirador de lo Simpsons que soy, nunca se me olvidará esa escena de un capítulo en el que Lisa dice algo así como: "Papá, sabes que los chinos usan la misma palabra para definir crisis y para definir oportunidad", y Homer, el gran Homer suelta un "mmmm, claro, CRISISTUNIDAD". He usado Google translator para averiguar si esto es cierto, pero no me ha quedado nada claro. Pero por otro lado, he buscado en Google y he encontrado esto (copiado y pegado de este enlace):

Se dice que en China emplean, para representar “crísis” un ideograma mezcla entre el de peligro y el de oportunidad (la palabra “crisis” (危机, weiji, se compone de dos ideogramas: Wēi (危) que se traduce como “peligro” y Jī (simplificado: 机, tradicional: 機) que, entre varias acepciones (como por ejemplo máquina o avión), se puede traducir como “oportunidad”.

domingo, 23 de febrero de 2020

A mí que me lo demuestren

Buenas tardes,

Os voy a contar una bonita historia de resistencia.

¡A mí que me lo demuestren! Es una frase lapidaria. Pero detrás de ella, se muestra un profundo nivel de cerrazón mental.

Vamos a realizar un ejercicio de suposición. Suponemos que, una empresa con digamos, más de 50 años de historia, de relativa exitosa historia, celebra su reunión anual de directivos en la que, como todos los años, el presidente de la compañía y el director general presentan los resultados del ejercicio pasado y los retos a los que se enfrenta la empresa en el futuro. Los resultados obtenidos no son malos del todo (quizás demasiado beneficio extraoperacional) y el ambiente es tranquilo y positivo. Hasta ahí todo correcto. 



Después de los aplausos llega el turno del invitado externo. La tradición dicta que, en esta reunión anual, se invite a una persona que haya destacado en algún campo, empresarial, deportivo... a que de una charla, cuente sus vivencias y experiencias y transmita un mensaje a los directivos de la organización. Ni que decir tiene que, personalmente, me parece una gran idea. Bueno, pues resulta que este año el invitado es el director de una empresa relacionada con negocios en internet (vamos a dejarlo ahí para no personificar en nadie). El motivo por el que se invita a esta persona, es que, en la alta dirección se han oído campanas. No se tiene mucha idea de dónde proviene el sonido, pero hay dos palabras que han escuchado. Dos palabras que de forma independiente tienen sus significados, pero que en conjunto son como un canto de sirena: "transformación digital". 

sábado, 8 de febrero de 2020

El Corte Inglés y la omnicanalidad

Buenos días a todos

A raíz de mi anterior entrada sobre empleabilidad senior, un buen compañero y gran tipo, Enrique García (quedaos con el nombre ya que dará que hablar en el futuro) me recomendó el libro "Silver surfers" de Raquel Roca. Como Enrique en cuestión me parece una persona de fiar, pues decido comprar el libro.

Primeramente, lo busco en Amazon. Está, con entrega al día siguiente. Pero como tengo que ir al final de semana a El Corte Inglés a mirar otra cosa, en vez de comprarlo el lunes a través de Amazon, decido comprarlo en ese centro comercial, previa verificación de disponibilidad y precio. Me digo a mi mismo que, como no tengo prisa y compro mucho en Amazon, voy a hacer gasto también en otra empresa. 

Llega el viernes, me acerco al centro comercial en cuestión, me dirijo a la librería y después de una rápida búsqueda y al no encontrarlo, decido preguntar. Me atiende una amable dependienta, de unos 55 años (indico la edad ya que me parece relevante para mi posterior reflexión) y solícita ella, inicia la búsqueda del título en la base de datos. Al cabo de pocos segundos, me dice que no está disponible en tienda, pero que si quiero lo puede solicitar y que llegará el martes. Descarto tal opción ya que quiero empezar a leerlo el fin de semana, y me da pereza volver a la tienda sin necesidad. Un minuto después y mientras me dirijo a otro departamento, ya había comprado el libro a través del móvil en Amazon.

domingo, 2 de febrero de 2020

Empleabilidad senior

Hola a todos,

Habiendo entrado en la cuarentena hace relativamente poco (y no, no hablo afortunadamente de estar infectado por el coronavirus, hablo de la edad), hay un tema que me ha empezado a rondar la cabeza, y sobre el que hasta ahora, por edad, no me había preocupado lo más mínimo. Pero el tiempo pasa, las personas evolucionamos y maduramos, y lo que a los 30 nos parece una nimiedad, a los 40 se plantea como, al menos, una pequeña preocupación. Y me estoy refiriendo a la empleabilidad más allá de los 40.

Esta reflexión que hago, ha venido desde varios caminos. Uno ha situado vivir una situación de ERE con despidos y prejubilaciones que han afectado a muchas personas dentro la organización. Otro ha sido conversaciones con compañeros de trabajo mayores que yo en las que han expresado sus inquietudes, dudas y miedos. Otro ha venido a través de LinkedIn, dónde he podido leer historias, tanto malas (personas con más de 50 años que llevan desempleadas más de 3 años y que estaban sufriendo, no sólo económicamente, sino sobretodo emocionalmente) como buenas (otras personas que daban gracias a empresas y empleadores por haber confiado en ellas, independientemente de su edad). Otro ha sido un caso cercano de un amigo que se encuentra en esta situación complicada de edad y desempleo. Todos estos "inputs" han confluido en mí, y me han hecho reflexionar sobre mi situación persona. Empatizo con todas estas historias ya que, antes o después, llegaré a estar en esa situación.

En muchos casos, la situación es complicada. Una hipoteca, unos hijos, unos gastos a los que sí o sí tienes que hacer frente. Eso añade una presión añadida y creo que impacta tanto emocionalmente, que puede llegar a afectar a la persona que sufre esta situación (y lo peor creo que es la sensación de no valer para nada), como a su entorno más cercano.